CRISPR

Imaginemos una biología cada vez más programable: cultivos que soportan sequías extremas, bacterias que capturan contaminantes y células diseñadas para corregir enfermedades hereditarias. La tecnología CRISPR, desarrollada hace poco más de una década, es una de las herramientas que están haciendo posible este cambio. No es la primera forma de hacer ingeniería genética, pero sí la que ha permitido editar el ADN con una rapidez, precisión y versatilidad que antes eran imposibles. 

CRISPR funciona como unas tijeras moleculares guiadas, capaces de localizar un fragmento concreto de ADN y modificarlo como quien corrige una letra en un texto. En muchos casos, estos cambios se realizan sin introducir genes de otras especies, lo que la diferencia de buena parte de los transgénicos clásicos. Las variantes más recientes -como la edición por bases o la edición prime- amplían aún más el abanico de cambios posibles y acercan la idea de “reprogramar” funciones biológicas específicas. 

Si estas capacidades siguen madurando, CRISPR podría convertirse en una pieza clave de una bioeconomía donde parte de la producción se base en organismos diseñados para tareas concretas. Esa transición ya empieza a verse en algunos sectores. En agricultura, se desarrollan variedades más resistentes a sequías y olas de calor o con mayor capacidad de fijar carbono en el suelo. En salud, crecen los ensayos clínicos para tratar enfermedades de la sangre, ciertos cánceres y patologías hereditarias. En biotecnología industrial, aumenta el interés por microorganismos editados que produzcan biopolímeros, enzimas u otros compuestos de forma más eficiente y con menor huella ambiental. 

El alcance de esta transformación dependerá de superar varios retos: en salud, lograr que las terapias basadas en CRISPR sean más asequibles y estén mejor evaluadas en términos de eficacia y seguridad; en agricultura, adaptar los marcos regulatorios -donde la normativa europea sigue siendo más restrictiva que la de otros países- ; y en la industria biotecnológica, garantizar criterios sólidos de bioseguridad, buena gobernanza y reparto de beneficios que eviten desigualdades y usos de alto riesgo. 

España no parte de cero. Aquí se describió la base molecular que dio origen a CRISPR y existen grupos científicos de referencia internacional en los ámbitos agrícola, biomédico y ambiental. Además, nuestro país ha impulsado en la Unión Europea el debate sobre las técnicas genómicas avanzadas y varios hospitales públicos participan en ensayos que podrían acercar estas terapias a la práctica clínica. Una visión más detallada de estos avances y de sus implicaciones normativas se recoge en el informe “La tecnología CRISPR en agricultura, alimentación y salud ”, publicado en 2025 por la Oficina Nacional de Asesoramiento Científico (ONAC), que analiza opciones de políticas públicas para un despliegue seguro, equitativo y socialmente útil de esta tecnología. 

Para más información, véase: Chen, Feng, et al.Recent advances of CRISPR-based genome editing for enhancing staple crops.” Frontiers in plant science 15, 2024.; Chodnekar, Swarali Yatin, y Zurab Tsetskhladze.“CRISPR CLIP: comprehensive reviews on interventional studies using precision recombinant technologies: clinical landmarks, implications, and prospects.” Oxford Open Immunology 5.1, 2024. ; Joo, Jeong H., Soogene Lee, y Keun P. Kim.“Precision gene editing: The power of CRISPR-Cas in modern genetics.” Molecular Therapy Nucleic Acids 36.4 (2025); ONAC.“Informe de políticas. La tecnología CRISPR en agricultura, alimentación y salud.”Madrid: ONAC, 2025;Verdezoto-Prado, Jessica, et al.“Advances in environmental biotechnology with CRISPR/Cas9: bibliometric review and cutting-edge applications.”Discover Applied Sciences 7.3, 2025; y Yang, Piao, et al.“Integrating CRISPR/Cas technology with clinical trials: principles, progress, and challenges.” Asian Journal of Pharmaceutical Sciences, 2025.