La creciente actividad humana en el espacio está ampliando su huella ambiental como consecuencia del aumento del número de satélites que, al final de su vida útil, reentran en la atmósfera terrestre. Esta práctica está especialmente extendida en la órbita terrestre baja, la zona del espacio más cercana a la tierra. Es la principal vía para evitar la acumulación de desechos espaciales, pero implica la desintegración de los satélites durante la reentrada y la consiguiente liberación de gases y aerosoles provocada por las elevadas temperaturas y la fricción con la atmósfera. Actualmente, estos satélites representan solo una pequeña proporción de los que se prevé lanzar en la próxima década, lo que anticipa un agravamiento del problema.
En 2023, la economía espacial global superó el medio billón de dólares y podría acercarse a los dos billones en 2035, impulsada por el desarrollo tecnológico y las oportunidades comerciales. Esta expansión está estrechamente vinculada a la creciente dependencia de los satélites en órbita terrestre baja para comunicaciones, teledetección, seguridad e investigación científica. Como resultado, la actividad espacial aumenta de forma sostenida: actualmente orbitan la Tierra alrededor de 11.000 satélites activos, con previsiones de hasta 50.000 incorporaciones adicionales para 2030.
Sin medidas regulatorias adecuadas, este crecimiento podría intensificar la contaminación atmosférica. Durante la reentrada en la atmósfera, es frecuente que los satélites se fragmenten y se desintegren parcialmente por efecto de las altas temperaturas, perdiendo hasta el 95 % de su masa, compuesta mayoritariamente por aluminio. Este metal reacciona con el oxígeno atmosférico y forma óxidos con elevado potencial contaminante, capaces de alterar la química del ozono estratosférico y acelerar su agotamiento, poniendo en riesgo la recuperación progresiva de la capa de ozono.
La magnitud del impacto ya es medible: entre 2016 y 2022, la concentración de óxidos metálicos en la atmósfera se ha multiplicado por ocho. Dado el elevado número de satélites y desechos en órbita, las emisiones de partículas sólidas, principalmente óxidos metálicos, podrían incrementarse desde las actuales 1.000 toneladas anuales hasta 30.000 toneladas en 2040. Es un volumen comparable al aporte natural de material procedente de micrometeoritos y pequeños meteoroides.
Ante los impactos atmosféricos derivados de la creciente actividad espacial, la evidencia científica subraya la necesidad de reforzar la gobernanza del entorno espacial. Es esencial coordinar el uso de modelos atmosféricos globales que permitan evaluar estos impactos a escala planetaria y desarrollar escenarios de emisiones estandarizados para la industria espacial con el fin de anticipar y comparar sus riesgos ambientales y para la salud humana. En este contexto, la pionera misión Draco de la Agencia Espacial Europea y liderada por la empresa española INDRA-Deimos, constituye una iniciativa estratégica para el estudio del impacto atmosférico de la reentrada. Su objetivo es reducir las incertidumbres asociadas a este proceso mediante la obtención de datos experimentales sobre la desintegración real de satélites y la interacción de sus materiales con la atmósfera. Estas herramientas deben complementarse con prácticas estrictas de mitigación de desechos espaciales, especialmente la eliminación efectiva de los satélites tras el fin de su misión para limitar la acumulación de material en reentrada. En línea con estas recomendaciones, la Unión Europea ha comenzado a actuar mediante iniciativas legislativas como la EU Space Act, que refuerzan la vigilancia y el seguimiento de objetos en órbita, promueven la sostenibilidad ambiental y apoyan la innovación en tecnologías de mitigación y retirada de desechos, sentando las bases para un uso del espacio más seguro y sostenible a largo plazo.
Para más información, consúltese:
Borlaff, Alejandro S., Pamela M. Marcum y Steve B. Howell. “Satellite megaconstellations will threaten space-based astronomy.” Nature nº 648, 2025; Chipperfield, Martyn P., et al. “Detecting recovery of the stratospheric ozone layer.” Nature nº 549, 2017; Comisión Europea. Joint Communication to the European Parliament and the Council. An EU Approach for Space Traffic Management. An EU contribution addressing a global challenge. Estrasburgo: High Representative of the Union for Foreign Affairs and Security Policy, 2022; y Regulation of the European Parliament and of the Council on the safety, resilience and sustainability of space activities in the Union. Bruselas: Comisión Europea, 2025; D´Ambrosio y Richard Linares. “Carrying Capacity of Low Earth Orbit Computed Using Source-Sink Models.” Aerospace Research Central, 2024; Ferreira, José P., et al. “Potential Ozone Depletion From Satellite Demise During Atmospheric Reentry in the Era of Mega-Constellations.” Geophysicial Research Letters, 2024; Murphy, Daniel M., et al. “Metals from spacecraft reentry in stratospheric aerosol particles.” Proceedings of the National Academy of Sciences nº 120, 2023; Naciones Unidas IADC Space Debris Mitigation Guidelines. Viena: Inter-Agency Space Debris Coordination Committee, 2025; Sharma, Surendra P. Impact of Spacelight on Earth´s Atmosphere: Climate, Ozone, and the Upper Atmosphere. Moffet Field, California: NASA Ames research Center, 2024; Solomon, Susan, Diane J. Ivy y Anja Schmidt. “Emergence of healing in the Antartic ozone layer.” Science, 2016; y The European Space Agency ESA´s annual space environment report. Darmstadt, Germany: ESA Space Debris Office, 2025; y “La misión Draco, hecha para la destrucción.” The European Space Agency.