La transición energética necesita materiales. Muchos. La Agencia Internacional de la Energía estima que, en una senda compatible con los objetivos climáticos, la producción de minerales necesarios para las tecnologías de energía limpia podría tener que multiplicarse por seis entre 2020 y 2040. Aumentar la extracción convencional a ese ritmo podría agravar impactos ambientales y sociales ya conocidos.

Llevamos años discutiendo quién controla nuestros datos. La siguiente pregunta es más interesante: ¿quién controla lo que pasa dentro de tu cabeza, y bajo qué reglas? 

Cita test

“El ejercicio de reflexión prospectiva más amplio y más ambicioso jamás llevado a cabo en la Unión Europea.”

La emergencia climática y el lento avance en la reducción de emisiones han devuelto al debate internacional la Modificación de la Radiación Solar (SRM), un conjunto de intervenciones que buscan reflejar una parte de la radiación solar para enfriar temporalmente el planeta. La SRM engloba tecnologías diversas, desde la inyección de aerosoles estratosféricos, hasta el blanqueamiento de nubes marinas, la modificación de nubes cirros o sistemas de reflexión en órbita.  

Los hongos desempeñan un papel estructural en el funcionamiento de los ecosistemas y de los microbiomas asociados a través de redes de interacción que condicionan procesos biogeoquímicos, agrícolas y sanitarios. Sin embargo, su función en estas interacciones ecológicas sigue estando insuficientemente caracterizada1, lo que limita la capacidad para anticipar sus riesgos y aprovechar su potencial.

La creciente actividad humana en el espacio está ampliando su huella ambiental como consecuencia del aumento del número de satélites que, al final de su vida útil, reentran en la atmósfera terrestre. Esta práctica está especialmente extendida en la órbita terrestre baja, la zona del espacio más cercana a la tierra.

Las bacterias están desarrollando resistencia a los antibióticos, un fenómeno que comenzó hace décadas y que tiene un impacto considerable: en 2023, esta resistencia estuvo relacionada con 24.000 muertes en España y más de 4,5 millones en el mundo. Las proyecciones en datos internacionales y nacionales recientes apuntan a un escenario aún más preocupantes. De mantenerse las tendencias actuales, para 2050 podrían registrarse en nuestro país alrededor de 45.000 fallecimientos al año, cerca del 10% del total y aproximadamente un tercio de los atribuibles al cáncer.

Imaginemos una biología cada vez más programable: cultivos que soportan sequías extremas, bacterias que capturan contaminantes y células diseñadas para corregir enfermedades hereditarias. La tecnología CRISPR, desarrollada hace poco más de una década, es una de las herramientas que están haciendo posible este cambio. No es la primera forma de hacer ingeniería genética, pero sí la que ha permitido editar el ADN con una rapidez, precisión y versatilidad que antes eran imposibles. 

Europa se encamina hacia un descenso sostenido de su población. En los próximos años, la mayoría de países de la Unión Europea experimentará un retroceso demográfico como consecuencia directa de tasas de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo y de cohortes en edades avanzadas cada vez más abultadas.

A pesar de los avances en el desarrollo de la agricultura ecológica de las últimas décadas, el campo europeo sigue dependiendo de un insumo difícil de reemplazar: el amoníaco. Sin él, no se podrían fabricar los fertilizantes que sostienen cerca del 90 % de la producción agrícola europea. El problema es cómo se produce: un proceso altamente intensivo en energía, basado en combustibles fósiles que, a escala global, consume cerca del 2 % de la energía primaria y genera el 1,5 % de las emisiones de CO₂.